Ninguna plaga ha mostrado más resistencia al exterminio que la chinche de las camas. Durante cientos de años ha sido bañada, gaseada y pulverizada con todo tipo de insecticidas. DDT y otros químicos han aliviado el problema, pero las chinches siempre han vuelto para vengarse. Para complicar las cosas, los insecticidas de hoy en día, mucho menos tóxicos y peligrosos, no son tan efectivos como sus predecesores y las empresas están siendo más aprensivas acerca de qué productos aplicar cerca de camas, sofás y otras superficies de interior. En consecuencia, cada vez más compañías están mirando hacia métodos no químicos (como la calefacción) para luchar contra las infestaciones.
El calor ha sido usado durante siglos para combatir a las chinches. Desde la Edad Media se usaba agua hirviendo para quemarlas en la cama, y más recientemente había particulares que luchaban contra el problema quemándolas con cigarrillos, velas, etc. También se han usado otros métodos más profesionales como subir la calefacción de las habitaciones afectadas hasta temperaturas altas (de hasta 55 grados Celsius) para matar a las chinches.
Más recientemente (noviembre de 2007) y en este último sentido se puso en marcha una colaboración entre la Universidad de Kentucky y la empresa Massey Services que consistió en experimentar con este uso del calor para combatir a las chinches. La iniciativa se desarrolló en un complejo hotelero de Orlando y se usaron dos habitaciones contiguas que contenían chinches. La habitación común disponía de una puerta que las comunicaba y que facilitaba las labores de monitorización del proceso. Lo primero que se hizo fue acondicionar cada una de las habitaciones de un modo distinto: en una de ellas se eliminaron los elementos que podían impedir el correcto flujo de aire y en la otra no se tocó el mobiliario. Una vez terminada esta preparación empezó el experimento aplicando distintas intensidades de calor al tiempo que se tomaban los datos necesarios en cada momento. Estas intensidades de calor se fueron aumentando a razón de aproximadamente 10 grados por hora (aún con variaciones de prueba).
Esquema de las habitaciones

Lecciones aprendidas
Una lección no aprendida
Dado que las habitaciones fueron selladas para el experimento, no se pudo comprobar si las chinches intentan escapar hacia medios más fríos cuando se inicia este tratamiento.
Nota: este artículo es un resumen traducido del texto Bed Bugs, Heat and Hotel Rooms, publicado en PCTOnline.
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