Según científicos de la Universidad de Viena, los filtros elaborados con nanotubos de carbono tienen una gran capacidad de absorver y retener una amplia gama de contaminantes del agua, por ejemplo drogas solubles o hidrocarburos aromáticos policíclicos, y también de reducir los problemas de saturabilidad de los filtros, debido a que poseen una gran superficie.
La aplicación de copolímeros de bloque para desarrollar nanomembranas abre nuevas soluciones al problema de captar y separar las bacterias del agua de consumo. Los nuevos nanomateriales permiten desarrollar membranas de filtración con poros entre 50 y 100 nanómetros, que permiten pasar a las moléculas del agua pero retienen a las bacterias.
Investigadores alemanes estudian el potencial riesgo de que determinados nanotubos de carbono, ampliamente utilizados en la industria, tengan un comportamiento similar a las fibras de asbesto al ser inhalados, produciendo disfunciones pulmonares y tumores. La influencia del diámetro, longitud y forma de los nanotubos en la salud será el objetivo del proyecto Carbo Tox, que tendrá tres años de duración.
Biosensores desarrollados en la Universidad de Michigan (EEUU) a base de tiras de papel impregnadas con nanotubos de carbono pueden detectar de manera rápida y económica la presencia de toxinas o productos químicos tóxicos en el agua potable.