El amianto, una tóxica cuestión económica

Nadie puede dudar ya de la letalidad del amianto para la salud humana. Sin embargo, más allá de su toxicidad, su uso a nivel mundial está fuertemente ligado al factor económico. El consumo per cápita de amianto se incrementa hasta que las naciones llegan a un producto interno bruto per cápita de 10.000 a 15.000 GKD (dólar internacional), que es el punto de inflexión en el que se inicia la disminución del uso del mineral hasta llegar a su prohibición.

 

El amianto, una tóxica cuestión económica

amiantoEl uso del amianto en las sociedades humanas sigue una linea de campana, con un fuerte crecimiento hasta llegar a un umbral máximo, a partir del cual el uso del tóxico material empieza a disminuir hasta llegar a su prohibición, que no significa su desaparición, ya que el amianto sigue y seguirá presente en el entorno durante muchos años.

Esta curva está asociada al desarrollo económico de cada sociedad y, desgraciadamente, genera, algunas décadas más tarde, un nuevo gráfico en forma de campana, la de casos de mesotelioma, asbestosis y cáncer de púlmon provocados por la exposición al amianto. 

Un artículo publicado en la revista Gaceta Sanitaria explica que en los países con ingresos económicos altos el consumo per cápita de amianto se incrementa hasta alcanzar un determinado producto interior bruto, 10.000 a 15.000 GKD (dólar internacional), que es el punto de inflexión, y deja de usarse por encima de los 20.000 GKD. (El dólar internacional es una unidad hipotética de moneda, que tiene la misma paridad de poder adquisitivo que el dólar estadounidense en los Estados Unidos en un momento dado.)

Asi, actualmente, entre las naciones de bajos y medianos ingresos el uso de asbesto está en incremento, siguiendo la curva seguida por los países desarrollados. Tener tasas más altas de analfabetismo, y un menor nivel y esperanza de vida, centra el interés en controlar las enfermedades infecciosas y evita que se preste atención al asbesto, cuyo daño se manifiesta después de décadas del momento de la exposición. También se menciona en el artículo el hecho de que las naciones con un menor índice de desarrollo humano cuentan, por lo general, con una sociedad sin instituciones sólidas, lo que favorece la presión que ejercen las compañías productoras y consumidoras de asbesto.

Los cuatro principales países productores son Rusia, China, Brasil y Kazajstán, siendo el 50% del consumo utilizado en China, India, Brasil, Indonesia y Rusia. Si bien la acción legislativa ha sido establecida en algunos países, apenas se ha incorporado a escala global, estimándose que aproximadamente el 80% de la población mundial vive en un país donde la prohibición completa del asbesto no se ha producido. Actualmente, sólo 58 naciones han prohibido todas las formas de este mineral, la mayoría son parte de la Unión Europea, y sólo cuatro países de América Latina (Chile, Honduras, Uruguay y Argentina).

Fibras de amianto en el pulmón

La via de exposición a las fibras de amianto es la inhalación de estas partículas cuando se liberan en el aire. Las mayores y más pesadas impactarán en las vías nasales y la faringe. Las medianas serán detenidas en la tráquea y los bronquios, y se eliminarán por el mecanismo de defensa local de la mucosa nasal, el transporte mucociliar. 

Sin embargo, las menores de una micra llegan hasta los alveólos, donde son atrapadas por los macrófagos, células del sistema inmunitario que se localizan en los tejidos, pudiéndo ser eliminadas mediante el sistema linfático o, por el contrario, causar fibrosis y/o neoplasias. 

El amianto puede producir diversos tipos de neoplasias, como son los cánceres de pulmón, pleura, peritoneo, laringe, esófago, estómago, colon, recto y riñón, y enfermedades fibrosantes, como asbestosis pulmonar, fibrosis pleural y placas hialinas pleurales.

Las fibras de asbesto son biopersistentes, quedándose en los pulmones durante décadas e incluso toda la vida. El período de latencia, desde la exposición al asbesto hasta la aparición de síntomas, se estima entre 20 y 40 años. 

A pesar de que la legislación europea prohibe el uso del amianto en Europa desde hace años, según datos de la OMS, todavía uno de cada tres europeos puede estar expuesto al amianto, ya sea en el entorno laboral o en el ambiente. A nivel laboral los efectos del amianto utilizado por generaciones anteriores están siendo devastadores y se le considera responsable de la mitad de fallecimientos por cáncer provocado por la actividad profesional. 

Asi, esperar a que todas las naciones sobrepasen el producto interno bruto asociado con la instauración de una legislación antiamianto es una grave amenaza para la salud global. 

 

Fuente: SESA, Gaceta Sanitaria

 

 

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